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¡No,
de ninguna manera!, aunque lo parezca, aunque pretendamos engañarnos para evitar
pensar en que algunas veces somos injustos o muy injustos, una mascota no vive
sólo de alimento, el cariño que podamos (y debemos) brindarle, también cuenta
y mucho. Los que tenemos perros como miembros de la familia, cada dÃa desde
hace unos pocos o muchos años, en algún momento del dÃa según el horario, convidamos
a nuestra mascota con alimento, en lo posible cuidando de que la cantidad sea
exacta en lo posible para que conserve su fuerza, agilidad y belleza naturales, aunque no demasiada,
porque no estarÃa bien verla pasada de peso, sin la agilidad propia de su raza. Y
no sólo eso, a veces nos acompaña al ejercitarnos, al descanzar, al relajarnos,
al salir a pasear, etc. Esperando que también a ella esos momentos la ayuden
a mantenerse en forma y, sobre todo, a
estar contenta, al menos durante ese periodo de tiempo compartido con
nosotros.
Pero es más que alimento y compañÃa lo que ellas necesitan de nosotros
para vivir realmente felices. Seguramente
su perro, como la gran mayorÃa de las mascotas,
es una verdadera antena que capta todas sus emociones, y las de la
familia, de las que se alimenta todos los dÃas y que pueden hacerla
la mascota más alegre o la más desdichada. No es únicamente lo que
podemos transmitirle a través de la voz o gestos que
le dirigimos; nuestra mascota percibe toda una variedad de
comportamientos y actitudes, estas las transmitimos con nuestra
postura, nuestra expresión, tono de voz que utilizamos al
llamarla o, incluso, nuestro estado de ánimo. Y no es sólo cuando trato directamente con ella; una mascota
percibe con toda nitidez el ambiente de una casa: si lo que
prevalece son las disputas entre sus miembros, la angustia —no
importa qué la origine– o la tristeza, ella lo notará de inmediato y
reaccionará, con actitudes que pueden ir desde cambios de conducta,
como agresividad, flojera o afán destructivo excesivos, hasta
alteraciones de origen nervioso, como irritación de la piel y las
orejas o algunas afecciones de los riñones, sobre todo si tiene
alguna predisposición hacia este tipo de enfermedades: una mascota
de piel sensible se rascará con mayor frecuencia, otra con riñones
débiles orinará más de lo normal; estas reacciones irritarán aún más
los tejidos, lo que iniciará un cÃrculo vicioso que puede prolongar
la enfermedad más de lo necesario.
Cuando nuestra mascota se enferma estamos obligados no sólo a ser
buenos enfermeros, sino psicólogos expertos, ya que la actitud que
tomemos frente a ella repercutirá de manera directa en la rapidez
con la que se recupere. Al igual que el nuestro, el sistema inmune
de nuestra mascota depende de manera directa de su estado de ánimo,
y éste tiene una relación directa con el de las personas que la
rodean. No es raro que quien está a cargo de cuidar a la mascota
enferma esté aún más deprimido que ella misma, esperando el peor
desenlace; esto no hace mas que agravar su condición y dificultar su
restablecimiento, ya que ella misma pierde la confianza en su poder
de recuperación. Esta inconsistencia puede manifestarse también en nuestra falta
de constancia para seguir un tratamiento: si no vemos resultados
inmediatos, buscamos un nuevo veterinario con la esperanza de que le
prescriba una medicina milagrosa que la restablecerá en un par de
dÃas, sin percatarnos de que no estamos dejando actuar a ninguno de
los que le recetaron previamente. Finalmente podemos hablar del paralelismo entre los sÃntomas de
la mascota y su dueño, algo que difÃcilmente puede ser explicado a
satisfacción actualmente. Es posible que un
mismo agente patógeno los esté atacando al mismo tiempo, sin embargo
en muchos casos es más probable que se deba a una resonancia
emocional entre ambos, un lazo mucho más fuerte que la comida con
que alimentamos a nuestra mascota todas las mañanas.
Lo ideal es intentar transmitir únicamente sentimientos
positivos a nuestra mascota; cuando estemos deprimidos, angustiados o
presionados evitemos en lo posible acercarnos a ella, lo mismo que harÃamos con
cualquier miembro de la familia, no sólo para evitar un conflicto,
sino para no transmitirle una emoción que también podrÃa afectarlo a
él. En cuanto a los tratamientos médicos, intenta seguirlos durante
el tiempo recomendado por tu veterinario, a fin de que cumplan con
su función y tengan oportunidad de ayudar a tu mascota en su
recuperación; y conserva la fe en el poder de recuperación que la
naturaleza le ha conferido a tu amigo, que en muchas ocasiones es
más poderoso de lo que podemos imaginar. Pero sobre todo no te angusties por los malos sentimientos que
podrÃas haberle transmitido a tu mascota antes de hoy; seguramente
no era tu intención y pensar en ello sólo podrá angustiarte más y
transmitirle nuevamente malos sentimientos. Es mejor que mires hacia
delante y pienses en todo el tiempo que tienes para disfrutar con
ella la vida que a ambos les espera.
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